Entrevista para la revista cultural Siete Artes. Realizada por la escritora y crítica literaria Jesica Sabrina Canto

Transcribo la entrevista que me realizó la escritora y crítica literaria Jesica Sabrina Canto para la revista cultural argentina “Siete Artes”, publicada el 20 de abril de 2021 en la citada revista:

En la actualidad está de moda la novela histórica sobre momentos emblemáticos del pasado. Creo que lo mejor que tiene para aportar este género es la capacidad de comprensión en profundidad. Aunque todos estudiamos historia en el colegio, en esa instancia se ven los hechos como meros datos. La ficción narrativa, lo que permite es empalizar con los personajes y comprender emocionalmente, lo que nuestros antepasados tuvieron que vivir en determinadas situaciones.
“La posada del pozo”, de Raquel Victoria, es una novela contemporánea que aborda la temática de la Guerra Civil Española de 1936, focalizándose en los personajes femeninos y la situación de las mujeres durante la contienda. La novela inicia con la infancia de los personajes y va desarrollando sus problemáticas de clase, a medida que pasa el tiempo. En una segunda parte se muestra la perspectiva del campo de batalla, intercalada con la de los hogares a cargo de las mujeres.

Entrevista con la autora:

-¿Cómo es tu relación con la literatura?
La lectura forma parte de mi vida desde que tengo uso de razón. Siempre me ha gustado imbuirme de ese mundo imaginario que nos ofrecen los libros, soñar, viajar y aislarse momentáneamente entre sus páginas. Mi padre siempre tenía un libro entre las manos cuando yo era niña, él me enseñó a curiosear en su estantería y acabé amando los libros, puedo decir que me inculcó el hábito desde edad temprana.
La verdad es que, a estas alturas de mi vida, he leído un poco de todo. Pero especificando mis preferencias, te diré que me fascina la novela histórica, así como aquellas que, aunque no contengan datos estrictamente históricos, se ambienten en épocas pasadas y vayan descubriéndonos la sociedad de su tiempo. Por otro lado, me cautivan aquellas novelas que muestran profundidad y te dejan huella, identificándote con los sentimientos de sus protagonistas. Como escritora, todo surgió a raíz de las confidencias que me regaló mi abuela materna. Ella, en sus años de vejez, comenzó a relatarme partes de su vida que solo conocía por encima, vivencias de la dura posguerra en España, y fue así como sentí un gran impulso, una necesidad que me llevó a escribir mi primera novela, “Las raíces de la encina” (Certeza, 2013), que abarca varias décadas del siglo XX. En ella tres generaciones de mujeres (que representan a las mujeres de mi familia) tienen que soportar el hambre, las penurias y los tiempos de silencio. Desde entonces, se despertó una creatividad en mí que ha fluido imparable hasta hoy mismo.

-¿Cómo surgió la idea de esta historia?
El bagaje familiar tiene mucha repercusión en mi forma de escribir, ya que mis historias surgen desde dentro de mí misma, por ello, la vida de mis antepasados es de vital importancia en mis narraciones.
En el caso de mi segunda novela, “La posada del pozo”, el hilo conductor surgió también a partir de un pequeño retazo de la vida de mis bisabuelos. Sin embargo, dadas las circunstancias vividas por ellos en la guerra civil española, y con la posterior posguerra que silenció todas las hazañas acontecidas por parte de los republicanos (mis bisabuelos eran republicanos y fueron víctimas inocentes del Franquismo), no pude hallar en mis pesquisas datos relevantes con los que pudiera modelar sus vidas de manera escrupulosamente fiel.
Por esta causa, indagué en la vida de personas republicanas, de su vida cotidiana en clave histórica y de su pensamiento político, sus ideales y principios, para poder retratar ese periodo de la historia de España, desde los años veinte hasta los primeros años del Franquismo, los años del terror, para poder reconstruir, pieza a pieza, aquella sociedad adelantada que se vio abocada a la vorágine del conflicto bélico.
Aunque la vida real de mis bisabuelos paternos está plagada de grandes lagunas, creo que la que he recreado a través de mis personajes ficticios bien podría haber sido similar a la que a ellos les tocó afrontar. Por supuesto, quise contarlo por medio de la voz femenina e incluyendo la perspectiva de género en este periodo concreto.

La novela transcurre en un pueblo ficcional, que no existe en la realidad, ¿cuál fue el motivo de esta elección siendo que se trata de una novela histórica?
Como ya he citado, me hubiera gustado poder realizar un calco de la vida de mis antepasados, pero no fue posible y, además, porque el pueblo de mis bisabuelos, mis propias raíces, quedó enclavado en la zona ocupada por los sublevados cuando se produjo el alzamiento militar.
Tuve la intención de dar luz a la zona republicana porque quería que mis mujeres se movieran entre las libertades de aquella época, algo que solo podía llevar a cabo situándolas bajo el marco del gobierno legítimo, el de la II República. Motivo por el que “desplacé” el pueblo de mis ancestros hacia un pueblo ficticio, ubicado en el sur de la provincia de Teruel (región de Aragón, España), en zona republicana.
El nombre es inventado, pero hace alusión al verdadero nombre del pueblo de mis antepasados, en el que he pasado momentos irrepetibles e inolvidables que guardaré siempre en la memoria y el corazón.

-Háblanos respecto a la invención de los personajes.
La inspiración fueron mis bisabuelos, que, al igual que mis protagonistas, también fueron posaderos. Los personajes de la novela son pura invención dentro del contexto histórico que los sitúa.
Cuando voy pincelando a mis personajes siempre llega un momento, me ocurre en todas mis novelas, en el que ellos mismos guían mi pluma. Es como si mis protagonistas me indicaran el camino a seguir y me susurraran las palabras; realmente ellas y ellos, cuando ya iba forjando su propia personalidad y carácter en la novela, son los que me hacían continuar hacia un rumbo preciso o cambiarlo. Ciertamente, los personajes me llevaron.
Lo que tuve siempre claro, tras la intensa y meticulosa documentación histórica que recabé, fue el papel que tenían que abordar las mujeres, que debían de ser luchadoras, fuertes, valientes, empoderadas y dueñas de su propio destino sin influencias de nadie.

¿Cuánto tiempo te llevó el trabajo de investigación y cómo lo realizaste?
El tiempo es algo relativo que no sabría decirte ahora con seguridad, pero creo que rondaría alrededor de unos dos años, solo la parte documental, claro. Primero investigué la parte histórica de una forma general: me empapé de libros referidos a la sociedad del momento, a su modo de vida, a la política imperante y a los acontecimientos históricos.
Luego, esa misma parte histórica la fui desglosando: estudiando la época específicamente en la zona geográfica en la que transcurre mi novela, así como buscando —y, más bien, rebuscando— libros que contuvieran la historia propia de las mujeres en aquel contexto. Siempre digo que esta parte concreta de la documentación me costó más trabajo hallarla, de hecho, la historiografía de género, además de que suele ser firmada en su mayoría por historiadoras, hay menos fuentes al respecto y hay que ser muy tenaz y perseverante para encontrar esos datos que identifican a las mujeres de aquel tiempo, así como sus logros, avances y proezas, no obstante, en cuanto estiras de la madeja, encuentras los testimonios y el material preciso.
También hay una parte en torno a los detalles, como el escenario y las estancias, los atuendos, los objetos, que hay que contrastar, ya que estamos hablando de otro tiempo y de unas costumbres y tradiciones culturales antiguas, muchas radicadas en el entorno rural, que averiguo y plasmo con fehaciente rigor histórico.

-La primera parte está escrita en tercera persona (la infancia de los personajes), pero en la segunda pasa a intercalar capítulos en primera (de la protagonista) y en tercer (del marido de la protagonista). ¿Cuál fue el motivo que te llevó a narrar la historia de este modo?
La razón principal fue que quería desentrañar un momento de júbilo, de conquista de los derechos sociales y de género, de libertades impensables para las mujeres y ruptura con el mundo caciquil anterior, que durante siglos había oprimido a los más desfavorecidos, de adelanto educativo sin igual hasta aquel entonces (el analfabetismo decreció muchísimo), de un estado laico y libre.
En definitiva, quise mostrar ese mundo igualitario, en todos los ámbitos y sentidos, de la progresista sociedad republicana de los años treinta, y esta parte la narré en tercera persona coincidiendo con la juventud (como bien has recalcado) y sueños de los protagonistas. Decidí utilizar para este primer tiempo histórico, ese narrador que todo lo ve y puedes ir manejando de un personaje a otro, tenía que presentarlos en conjunto en lo que yo llamo esos “buenos tiempos”.
A partir de la segunda parte, con la inevitable y dramática separación, por causa de la guerra, de los hombres que marchan al frente y las mujeres que quedan resguardando y, por ende, consiguiendo hacer subsistir a la población civil en la retaguardia, en el pueblo, escogí la primera persona para mi protagonista más principal, Nieves, (porque, de hecho, según qué capítulos, el resto de mujeres que jalonan la historia también adquieren gran protagonismo). Ella tenía que contar la tragedia con su propia voz y sentimientos.
Para relatar a través de Bernardo (el marido de Nieves) los hechos en el campo de batalla, utilice la tercera persona, precisamente, para ensalzar el protagonismo y la labor de las mujeres con voz propia. Con todo, el personaje de Bernardo trasluce sentimientos tan hondos como los que pueda expresar Nieves en primera persona.
Si elegí hacerlo de este modo, fue también ahondando en el interior de los personajes, porque, siendo mujer, mi voz indiscutiblemente es femenina, y hablar a través de Nieves es casi como ser ella, sentir y pensar por ella como si latiéramos desde un mismo corazón.

-Se narran escenas muy fuertes, dolorosas y cruentas en el libro ¿Cuál fue la que más te costó escribir?
Es lo que conlleva escribir desde dentro, desde las emociones. Creo que cada escena de sufrimiento, la sentí, de alguna manera, yo también. Cuando estas escribiendo escenas de esta índole, continúas hasta acabar el capítulo, y es en ese momento cuando los sentimientos salen y te provocan la conmoción.
Si tuviera que elegir una escena concreta, sin duda, diría que los capítulos finales. No puedo explicar más para no desvelar nada. Quien tenga la ocasión de leer mi novela, entenderá a lo que me refiero.
Me supuso tal carga emocional escribir “La posada del pozo” que, al pensar en mi siguiente proyecto, mi tercera novela, que prácticamente tengo culminada (exactamente, en proceso de corrección), decidí cambiar al siglo precedente, al siglo XIX español, el cual, aunque también caótico, no se define tan abrumadoramente dramático. Aunque, en realidad, mis novelas siempre se envuelven de un aire dramático y sentimental, de una forma u otra.

-La música aparece como un consuelo, un respiro, para los personajes femeninos cuando la situación las agobia, ¿por qué crees que la música tiene ese poder en la vida real?
Para mí, que también escribo y me adentro en el género lírico, la música es pura belleza poética, es la danza que reconforta nuestros oídos y el verso que te atrapa el alma. Está probada la eficiente terapia que el simple hecho de escuchar unos acordes musicales nos reporta y beneficia. Pienso que es como un calmante natural que produce bienestar, y es por ello por lo que la sensibilidad de Lucía al piano (en mi novela) les hace olvidar, por unos instantes, la crueldad y el desconsuelo que les rodea.
La música nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales colmando nuestros sentimientos; solo hay que observar la naturaleza a nuestro alrededor para entonar de canto y armonía nuestros sentidos.

-¿Cómo describirías vos a esta novela?
“La posada del pozo” es una novela de mujeres adelantadas que lucharon por sus derechos, que sintieron, amaron e intentaron cambiar un mundo obsoleto hasta que la desolación, las ausencias, el miedo y la incertidumbre derrumbó su universo con la llegada de la guerra civil española.
Es una novela donde los sentimientos y el interior de los personajes cobran auténtico protagonismo. Una novela para no olvidar a aquellas personas que fueron y, en especial, a aquellas mujeres que fueron, a aquellas antepasadas a las que relevamos hoy.

-Agradecimientos.
No querría despedirme de esta entrevista sin agradecerte, Jesica, la visibilidad que me otorgas, siendo un placer el haber contestado a tus preguntas. Querría manifestar también mi agradecimiento a todas y a todos mis lectores por su confianza en mi prosa, y por la excelente crítica y acogida que, desde su publicación y hasta ahora mismo, está obteniendo mi novela “La posada del pozo”. Asimismo, me ilusiona especialmente saber que mis lectoras y lectores argentinos también están arropando esta novela tan sentida para mí misma, siempre es un gran estímulo que me alegra el alma.

Agradezco a Raquel Victoria por responder a mis preguntas.

Datos del libro: “La posada del pozo”, de Raquel Victoria (2018, Edición independiente, Género: Novela histórica, Págs. 294).

Sinopsis: En la España de los años veinte, en un pueblo limítrofe de Teruel, Nieves regenta, junto a su padre, una legendaria y reputada posada familiar. Su fuerte carácter y su avanzada mentalidad le llevarán a concienciarse con las miserias y penurias padecidas por la gente humilde de su entorno. Más tarde, con su marido Bernardo, sus amigas y otros paisanos, se involucrará en la lucha de clases por la igualdad y la justicia social, alentada por un pueblo que vive del campo y las minas. La repentina llegada de la Guerra Civil truncará los propósitos de todos ellos, pero hará fluir sus sentimientos más profundos y honestos, que florecerán en medio de un universo lleno de angustia y desolación, volviéndose cada vez más aterrador con el paso de los días.

*Enlace al artículo de la revista: https://revistasieteartes.com/2021/04/20/resenas-de-lapiz-y-papel-escribir-sobre-las-mujeres-del-pasado-por-jesica-sabrina-canto/

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