Reseña: Raquel Victoria – La posada del pozo

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¡Magnífica reseña sobre mi novela “La posada del pozo”, realizada por Contra La Inercia! Mi gratitud ante tan bellas palabras es infinita.

Contra la inercia

¡Muy buenas a todos! ¡Hoy tenemos nueva reseña! La semana pasada os acerqué dos y esta espero poder hacer lo mismo, por lo que os muestro hoy la reseña correspondiente a la tercera semana de enero. Además, en esta ocasión hablo de un libro especial que ha sido capaz de removerme algo por dentro, me ha hecho sentir cosas que muchos otros libros ni se acercan. Así que por eso estoy doblemente contento porque Raquel Victoria se pusiera en contacto conmigo para realizar una reseña sobre su última novela, La posada del Pozo, en la que nos pondremos en la piel de Nieves y atenderemos a las penurias por las que tendrá que pasar a lo largo de la obra, ambientada en los años veinte en adelante.

Portada de La posada del pozo.

El bagaje de esta autora zaragozana comienza en 2013 con Las raíces de la encina

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Crítica literaria realizada por el escritor e historiador Manuel Custodio sobre mi novela LA POSADA DEL POZO

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<<Conozco a Raquel Victoria desde hace unos tres o cuatro años. Coincidimos en la caseta de Certeza una Feria del Libro, cuando todavía estaba en la Plaza Aragón y el sol nos castigaba con su resplandor en los ojos. Pasamos un día agradable, hablando de literatura, de lectores, de ventas y caminantes. Al final del día compré su “opera prima”, Las raíces de la encina. Admito que la devoré en una mañana. Me sedujo la limpieza y cuidado del lenguaje, la sencillez y la sinceridad de la historia, la candidez de sus personajes, arropados por una historia que los vapuleaba a su antojo… como le comenté una vez a ella misma, era una historia simple pero hermosa y bien escrita.
Hace unos días terminé su segunda novela, La posada del pozo. ¿Qué me he encontrado? Una obra más profesional, mejor construida, más compleja. Las tramas se multiplican y cada una trata de reflejar realidades diferentes de los convulsos años que precedieron a la Guerra Civil y su cruda respuesta durante la contienda. La posada del pozo es una digna sucesora de esas raíces. Raquel escarba en el trasfondo histórico y recrea un ejercicio de microhistoria en el ficticio pueblo turolense de Alsilos, siempre dentro de la lucha de clases y la reivindicación de la mujer como protagonista de esos movimientos, ocultos en los libros, pero vivos en la memoria de quienes lo padecieron.
Eso lo hace muy bien. La historia de Nieves y sus amigas es la de muchos campesinos a los que la guerra partió en tantos pedazos como a los mutilados por las bombas y las balas perdidas. Su lectura es capaz de emocionar y remover conciencias. Como los buenos escritores, no te cuenta las atrocidades vividas, te las muestra tal como son, más allá de la bonhomía característica de sus personajes protagonistas.
Sin embargo, creo que la propia progresión estilística como escritora de Raquel Victoria ha dejado un cadáver en el camino. Aquella simplicidad evocadora de sus inicios se ha visto devorada por una prosa algo más recargada que hace más difícil la digestión del mensaje, ha perdido esa inocencia. ¡Ojo! No es un defecto, ni mucho menos. Es el estilo de una autora que tiene las cosas claras, y seguramente es la mejor forma de expresar las emociones, pero a mí personalmente me resulta engorroso, afectado.
En definitiva, Raquel Victoria ha pergeñado una magnífica novela sobre la vida y la guerra, la defensa de unos ideales y la capacidad de las mujeres, las grandes olvidadas por la historiografía tradicional, para ser dueñas de su destino y luchar contra el patriarcado dominante en un Aragón vetusto y arcaico, un Aragón de caciquismos, oligarquías y patronazgos, donde las clases sociales formaban un sistema de castas encubierta y la rebelión contra la injusticia es siempre condenada por el poder.>>

*Tenéis disponible mi novela LA POSADA DEL POZO en:

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Librería Central Zaragoza

*Por si queréis saber más sobre mi trayectoria literaria:

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“LA POSADA DEL POZO” de Raquel Victoria

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“LA POSADA DEL POZO” de Raquel Victoria

Sinopsis:

En la España de los años veinte, en un pueblo limítrofe de Teruel, Nieves regenta, junto a su padre, una legendaria y reputada posada familiar. Su fuerte carácter y su avanzada mentalidad le llevarán a concienciarse con las miserias y penurias padecidas por la gente humilde de su entorno. Más tarde, con su marido Bernardo, sus amigas y otros paisanos, se involucrará en la lucha de clases por la igualdad y la justicia social, alentada por un pueblo que vive del campo y las minas. La repentina llegada de la Guerra Civil truncará los propósitos de todos ellos, pero hará fluir sus sentimientos más profundos y honestos, que florecerán en medio de un universo lleno de angustia y desolación, volviéndose cada vez más aterrador con el paso de los días.

Una conmovedora novela en la que los protagonistas se verán inmersos en los tiempos de transformación y cambio que engloba al país en aquellos agitados instantes, en primer lugar; teniendo que asistir, después, con gran pavor, al desmoronamiento de todo su mundo y al desgarrador desconsuelo que le acompañará.

Un fresco marco narrativo donde el trágico acontecer de nuestro pasado reciente se combina entre las alas de la libertad recién conquistada, los lazos enredados del amor puro y apasionado, el firme coraje femenino y los sucesos atroces de un turbulento periodo histórico, conformando una amalgama de situaciones que sacan la parte más humana de las personas ante los horrores de la guerra y la desesperanza. Además de retratar, con nítidas y sutiles pinceladas, la triste y terrible realidad vivida, en el siglo pasado, por nuestros antepasados más cercanos. Una composición coral tejida en bella prosa poética, que muestra claros valores de superación y voluntad ante la adversidad; y que rezuma, asimismo, honda sensibilidad, en un lenguaje intimista que sobrecoge y, a la vez, despierta emoción.

BIOGRAFÍA DE LA AUTORA

Raquel Victoria (Zaragoza, 1978) comenzó su andadura literaria a través de los relatos que su abuela le contaba, lo que le inspiró la creación y posterior publicación de su novela “Las raíces de la encina” (Certeza, 2013). En esta primera obra, la autora da voz y dota de sensibilidad a las mujeres que le precedieron, las mujeres de su familia; haciendo especial hincapié en la lucha y superación que les llevará a afrontar, resignadas pero con su fuerza femenina, tanto las dificultades de un caótico siglo XX español esculpido por los sinsabores del hambre, como la vía opresiva de una sociedad patriarcal que las conducía al silencio. Desde entonces, la escritora aragonesa ha intervenido como ponente en diversos actos culturales y literarios, en algunos de los cuales ha tratado temas de concienciación sobre la desigualdad de género, comprometida con el empoderamiento y visibilidad real de las mujeres; ha participado como jurado en certámenes literarios locales, de reconocida y larga trayectoria en su ciudad; así como escribe también artículos de toda índole (aunque mayormente especializados en temática femenina y/o histórica), reseñas literarias (bajo su particular punto de vista crítico) y género lírico (donde explora las bellas vertientes del íntimo ejercicio de la poesía); facetas que desarrolla ampliamente y publica, con asiduidad, en las redes sociales y en distintos medios virtuales.  

Actualmente, su pluma continúa escribiendo historias protagonizadas por mujeres. En su próxima novela, que ya está encauzando, los personajes femeninos volverán a llevar las riendas de la trama, siempre bregando contra viento y marea en ese pasado contemporáneo nuestro. Habiendo dejado atrás su labor como Técnico Sanitario Especialista en Laboratorio, la escritora se dedica a aquello que más le apasiona: crear sus obras impregnando su singular mirada; aquella que enfoca hacia la perspectiva de género y los trágicos acontecimientos de otro tiempo, y lo hace ahondando en la complejidad intrínseca de los sentimientos.

Puedes seguir a la autora en:

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Artículo: Mujeres deslumbrantes: Jane Colden (Nueva York, 27 de marzo de 1724 – Nueva York, 10 de marzo de 1766). Por Raquel Victoria

MUJERES DESLUMBRANTES: JANE COLDEN (Nueva York, 27 de marzo de 1724 – Nueva York, 10 de marzo de 1766)

Jane Colden nació bajo esos suaves destellos que la placa celeste de la ciudad de Nueva York, desperdigaba a su alrededor. Unos tenues pero vibrantes reflejos que la inundarían, con el devenir del tiempo, también a ella. Y sería allí donde desarrollaría su línea investigadora, en aquel ambiente urbano todavía moteado por el arco iris de la flora autóctona, en aquel entorno en el que aún no atisbaban entre los cúmulos, las densas gotas de asfalto que irían colonizando, en las décadas subsiguientes al momento en el que Jane vivió, aquellos vestigios paisajísticos naturales. Unos valiosos y bellos rincones que se transformarían en el extremadamente frío contacto del cemento, ese mismo que ahora puebla las grandes y cosmopolitas avenidas neoyorkinas. Sinceramente, estoy convencida de que aquel paraje que la ilustradora y botánica Jane Colden miraba a través de sus singulares prismáticos, que la embelesaba hasta la extenuación, hasta caer completamente rendida estudiando, con gran detenimiento y perseverancia, cada mínimo corte del contorno de una hoja o cada nimia variación de su envés, e, igualmente, aquella brillante intuición que tendría la científica al comparar, por ejemplo, un resistente tallo o la textura aterciopelada de una flor concreta con otras especies similares u homólogas, llevándola a catalogar una inédita especie vegetal por vez primera; todo aquello debió surgir en una postal diferente a la que vemos en la actual Nueva York, pienso que aquella estampa natural que ella fue divisando, así como mismamente encauzó toda su vida, donde logró indispensables hallazgos que supondrían grandes avances para el mundo científico, era una colorida pintura que el paso de los siglos, nos ha hecho observar desde un telescopio de tono gris imponiéndose al verde. Pero el caso es que en aquel siglo XVIII, en el cual, la ciencia ya despuntaba, en el que ya se probaba la experimentación, esa misma luz soleada que acariciaba la piel y el rostro de la joven científica, asimismo, daba vida a aquellos seres vivos que estudiaría meticulosamente en los años venideros. Verdaderamente, casi contribuiría a ser como un efecto de refracción, puesto que sucumbiría en ella esa imperiosa necesidad de dar luz a la flora de su entorno más cercano, que iba a ocupar hasta el último de sus pensamientos; de dar nombre a aquella flora que iba a acabar componiendo la melodiosa música de sus circuitos vitales, en los que el estudio de las plantas sería su labor primordial y su máximo empeño; de componer los miembros familiares de aquel diversificado universo arbóreo, que iban a forjar, como si las células vegetales formaran una urdimbre con sus propios tejidos, los raíles que compondrían sus sueños y motivaciones. Jane Colden fue una sobresaliente botánica, porque seguramente la pasión recorría, día a día, su ser, para poder desarrollar un trabajo tan arduo y duro, tan constante y perseverante como es la identificación de especímenes; es decir, la identificación y catalogación de nuevas especies en la flora de un territorio determinado. Es por todo ello, por lo que quiero imaginar, de forma subjetiva en este caso, que Jane Colden fue una mujer totalmente apasionada por la ciencia; quiero pensar que ella amaba a cada ser vivo que residía en los anclajes del reino vegetal, y esta razón es la que le llevó a ser considerada, en nuestros días, como una pionera, siendo la primera mujer científica de América. La botánica Jane Colden provenía ya de una familia relacionada con el ámbito científico. Su padre era médico y le fue inculcando y enseñando, tras las paredes del hogar, distintas pautas científicas, entre ellas, la taxonomía lineanna estuvo entre las predilectas. Debemos tener en cuenta la novedad que suponía, en aquel entonces, la clasificación de los seres vivos que inventó, ingenió y probó Linneo; esta innovación del momento calaría en nuestra excepcional botánica, ya que utilizaría esta categorización en su recopilación de especímenes. De hecho, logró mostrar, al albor del sol neoyorkino, hasta trescientos especímenes, diseminados a lo largo y ancho del valle bajo del río Hudson Valley. Y es que Jane se pasaba las horas admirando la flora salpicada por todo aquel valle, embriagada por el intenso perfume de aquellas flores u observando sus troquelados contornos; siluetas de plantas que plasmaría en un sistema de impresiones de hojas que ella misma diseñó, y también dibujándolas, porque detrás de sus creativas ilustraciones, vendría ese análisis puramente científico. Utilizaría ambos métodos: la impresión de hojas y la lámina ilustrativa, para estudiar en profundidad las características de las gardenias. Hasta el final de sus días, siguió ejerciendo su destacada labor, incluso, continuó con su trabajo científico después de contraer matrimonio, algo no muy usual para la época en la que le tocó vivir, un periodo restrictivo y asfixiante habiendo nacido mujer, más aún, dando aquellas sobradas muestras que poseía Jane, tanto en su relevante capacidad intelectual como en su merecido reconocimiento científico. Sin embargo, pocos meses después del alumbramiento de su hijo, Jane Colden falleció, pasándonos el testigo de la intensa y pionera labor botánica que desempeñó; y que nos llega entre fragmentos, debido a ese silencio que se ha ido desvaneciendo a su alrededor con el polvo añadido por los siglos sucesivos, los roles de género y la sociedad desigualitaria y excluyente, acallando la obra realizada por las mujeres en sus diferentes ámbitos de actuación. ¿O acaso encontramos a estas destacadas intelectuales en los libros de texto? ¿Hallamos el demostrado intelecto de todas estas mujeres, su gran contribución, en este caso particular a la ciencia, como nota subrayada en el aprendizaje educativo, ese que queremos que sea inclusivo? Cuando cotejamos nombres ilustres científicos siempre nos abordan nombres masculinos; mientras que los femeninos hay que ir rebuscándolos para poder hallar sus resquicios. Bregaré lo que sea menester, para que mujeres de la capacidad de intelecto de Jane Colden no queden abrumadas entre la sombra otorgada por las losas del tiempo, las jerarquías y los sesgos de género o de cualquier otra índole. Desde luego, nos dejó un insólito legado bañado por la singular estela de la fotosíntesis, pudiendo consultar hoy su manuscrito relleno de las vetas del reino vegetal. Aun así, y a pesar de haber podido ejercer sus investigaciones en materia botánica hasta que el sol la abandonó definitivamente, sigue siendo una figura histórica y científica, especializada en el campo de la botánica, mayormente desconocida por la población en general. Es mi empeño, en aras de la igualdad y la equidad, mostrar el talento, el reconocimiento y el mérito de una mujer como fue Jane Colden; rompió los moldes de la ciencia en una sociedad patriarcal, y aportó al mundo los frutos maduros del saber en la disciplina naturalista.

*POR RAQUEL VICTORIA

Artículo: Luces ocultas. Por Raquel Victoria

LUCES OCULTAS

Una vez más, la Historia de la Humanidad va rasgando, a paso lento pero también firme, el tupido tapiz que ha invisibilizado a las mujeres durante siglos y siglos de poder patriarcal. El cirujano irlandés James Barry es un ejemplo más de la sociedad totalmente desigualitaria en la que le tocó nacer. Toda su vida se parapetó tras este nombre masculino para poder licenciarse en la prestigiosa Universidad de Edimburgo, y dejar luego su impronta en nuestra historia como un prestigioso médico militar. No se sabe con seguridad su nombre real aunque todo apunta a que su verdadera identidad fuera Margaret Ann Bulkley, sin embargo, se vio obligada a ser una mujer ilustre tras la capa del disfraz masculino. En un siglo XIX donde la medicina todavía arrastraba demasiadas carencias, esta doctora irlandesa hizo logros y avances impensables hasta el momento. En Sudáfrica, realizó con éxito la primera cesárea en la que tanto la madre como el hijo llegaron a sobrevivir; además, consiguió aplicar elementales normas de higiene, evitando así el habitual contagio por aguas fecales de enfermedades como el cólera que tan devastadoras epidemias causaban; e incluso logró avances en el control de la lepra, y este hecho le llevó a obtener numerosos reconocimientos. Embutida para siempre bajo la presión del impecable traje masculino que, injustamente, se vio obligada a llevar; no se supo de su identidad femenina hasta el mismo momento de su fallecimiento cuando la enfermera preparó el cadáver, siendo su sorpresa mayúscula al descubrir que tras las ropas de un hombre habitaba la piel de una mujer. James Barry tuvo una meritoria vida llena de proezas en el campo de la medicina, sin olvidar que, aunque la centuria marcada por las revoluciones también afectó plausiblemente a los hallazgos científicos, nos encontramos ante un momento aún pionero en la medicina y con altos índices de mortalidad entre la población, en muchas ocasiones, derivados de la falta total de higiene; por ello, realmente hoy son imprescindibles los grandes beneficios que aportó esta mujer al mundo de la ciencia de manera generalizada, y más en particular al de la ginecología. Nos quedamos con la mirada de una mujer que recorrió mundo; fue una distinguida cirujana; logró progresos importantísimos en la rudimentaria medicina de aquel entonces; ejerció su carrera dentro de la institución militar, por supuesto, estrictamente masculina en ese momento; y fue pionera en diversos aspectos. Realmente, qué duda cabe que si hubiera vestido su vida con su propia identidad femenina, todas las puertas le habrían cerrado de antemano la clave de sus éxitos y progresos. A lo largo de la Historia continuamos encontrando, cada día, más y más mujeres adelantadas a su tiempo que han constituido el avance de innumerables disciplinas, abarcando todas las materias existentes; pero que, sin embargo, han tenido que vivir en el anonimato para que su obra pudiera encontrar la luz y amanecer en un mundo de dominio masculino. Hoy, vamos desatando, paulatinamente, el yugo que a ellas les hizo convivir con la prisión de una apariencia y el sentir de otra; en cambio, todavía nos queda un largo trecho que caminar para que los albores de nuestros días sigan rescatándolas.

*POR RAQUEL VICTORIA

 

Artículo: Mujeres deslumbrantes: Trótula de Salerno. Por Raquel Victoria

MUJERES DESLUMBRANTES:

TRÓTULA DE SALERNO (Salerno, principios del siglo XI – Salerno, 1097)

Trótula de Salerno abrió sus ojos al mundo que la amparaba en un turbulento escenario al que, en los días actuales, hemos querido llamar Medievo. Aquella futura ginecóloga iba a nacer en medio de un desolador paraje salpicado de cruentas guerras por y para una religión que, en el trasiego de las aldeas occidentales, querían afianzar como la única y verdadera: el cristianismo. Trótula iría adquiriendo, con el tiempo y su propio esfuerzo, aquellos conceptos que, en adelante, le llevarían a ocupar un influyente puesto en la Historia de la Medicina. En aquella sociedad europea  desperdigada entre los grandes feudos señoriales; donde progresivamente se iban abriendo paso las, todavía muy incipientes, ciudades; o en la que una tímida cultura quería comenzar a encontrar y buscar su hueco; Trótula iba analizando las entretelas que cubrían los diversos aspectos de la anatomía femenina. Poco se sabe de aquellos años en los que la médica fue absorbiendo tanta sabiduría acumulada. Bien es cierto que, sin lugar a dudas, fue una mujer certeramente adelantada a su época; seguramente su energía y fortaleza innatas le harían anteponerse a aquel momento en el que le tocó vivir y, desde luego, no debió serle nada fácil convivir con un patriarcado dominado por las jerarquías absolutas y las órdenes eclesiásticas que exaltaban a la mujer, pero lo hacían siempre sometiéndolas, enfrentándolas contra sus propias convicciones y acusándolas con la falta del pecado. Se cree que Trótula de Salerno ejerció como profesora en la Escuela Médica de Salerno, esta escuela constituyó las bases del primer centro de medicina que estaba desligado de la Iglesia y, asimismo, para algunos eruditos, llegó a representarse, incluso, como la primera universidad europea. Sería en este ámbito relacionado con la docencia donde Trótula podría ir componiendo su amplio recorrido en las materias médicas en las que se especializó; un trayecto ofrecido de la mano de esta singular enseñanza, ya que, de hecho, en esta escuela admitían mujeres en sus aulas tanto para asistir como alumnas o, de igual modo, para transmitir lecciones en torno a esta disciplina, que fue el caso de Trótula. Encontramos a una mujer polifacética en este campo concreto, puesto que su especialidad para entrever y estudiar el interior del cuerpo femenino, le condujo a elaborar reconocidos tratados sobre la menstruación y el parto, dando claves avanzadas y rupturistas a las sufridas parturientas; por ejemplo, recetaba ciertos opiáceos para que les calmaran y pudieran así soportar algo mejor los fuertes dolores manifestados durante el parto, sabedora como era de los órganos reproductores femeninos y de las patologías ginecológicas asociadas a ellos, teniendo en cuenta, además, que esas sustancias chocaban con la barrera de las autoridades, porque estaban prohibidas. Escribió tratados de ginecología y obstetricia; realizó estudios que, de la misma manera, plasmó en tratados dedicados a la cosmética, el cuidado de la piel y la higiene. Sin embargo, y percibiendo su vida aclimatada a aquella sociedad que exprimió a las mujeres, anulando prácticamente sus capacidades de pensamiento y decisión bajo las gruesas capas del evangelio, no es del todo desconcertante conocer el pensamiento de Trótula respecto a la vulnerabilidad de las mujeres: ella creía que podían estar más expuestas ante la enfermedad; la Edad Media muestra aquellos  siglos plagados de oscuridad, pero, tristemente, para la condición femenina fueron aún más negros si cabe, cuando afirmaban, por doquier, la infundada debilidad asignada principalmente a aquella naturaleza perteneciente a las hembras. En cambio, en otros casos, la límpida visión de Trótula la llevó a defender con criterio que la causa que provocaba la esterilidad, atribuida como mera culpa a las mujeres, no era sino proveniente tanto del órgano femenino así como igualmente del masculino, sin duda alguna, una reflexión sobresaliente en el contorno del siglo XI. Trótula de Salerno compartiría profesión, aunque también afortunadamente publicando sus trabajos de manera independiente, con su esposo e hijos que también cultivaron las artes y secretos de la medicina. Trótula fue una mujer con talento, fuera de lo común en un momento de la historia que, abrumadoramente, se moldeaba entre las sombras. Aun así, Trótula dejó para la posteridad un conocimiento de la medicina emanado en sus tratados, y desempeñó su labor médica con un empeño que le encumbraría también para aleccionar a las siguientes aspirantes a la medicina. Sin embargo, y lastimosamente, a partir del siglo XII, coincidiendo con el auge de las universidades que reemplazarían a las anteriores escuelas, los puestos que en estos púlpitos docentes correspondían a las mujeres se van a derribar sin titubeos para, finalmente, ocuparlos exclusivamente aquellos estudiosos de sexo masculino, excluyendo, sin preámbulos, a la otra mitad de la población que habitaba el mundo. Aquellos nuevos universitarios cuestionarían, incluso, la identidad de Trótula, trocando su propio nombre con el masculino de Trótulo, claro estaba que el intelecto de una mujer sabia no podía ver un tenue hilo de luz en aquellos tiempos velados; en efecto, estas intrépidas y arrojadas pioneras de la medicina quedarían suspendidas en el devenir de las centurias siguientes, porque el ejercicio de esta profesión no lo volverían a desarrollar las mujeres hasta finales del siglo XIX. Trótula de Salerno fue una mujer que rompió estáticas molduras, supo manejarse con soltura en un ambiente señoreado por los hombres, y lo hizo para poder traernos al presente sus cualificadas y valiosas obras que contribuyeron a la sucesiva formación de la medicina de familia.

*POR RAQUEL VICTORIA

Artículo: Ayudando a nacer. Mujeres parteras. Por Raquel Victoria

AYUDANDO A NACER. MUJERES PARTERAS

A través de la invisible y extensa línea marcada por el cronómetro de un tiempo ya remoto, asistimos con perpleja expectación al amanecer de la vida, traída con mucha dedicación, temple y cuidado por infinidad de mujeres, acostumbradas a desempeñar una labor casi excepcionalmente femenina, practicada desde el principio de la existencia y, por supuesto, con el horizonte situado más allá de nuestros días. Las parteras acarreaban a cada instante con la enorme carga de un trabajo arduo, de increíble aplomo y en muchas ocasiones teniendo que sopesar y tomar decisiones drásticas, muchas veces llenas de riesgos para la supervivencia de la madre y el hijo/a, que en una buena parte de los casos ni siquiera llegaba a ver la luz que alumbraba al mundo. El oficio de las parteras era transmitido por medio de la tradición oral, esa indispensable sabiduría popular pasaba de unas a otras como palabras enlazadas de un conocimiento cultural que las mujeres iban asimilando y haciéndolo suyo, un aprendizaje que muchas aprendían de sus antepasadas más directas y que ellas mismas perpetuarían en la próxima generación. Durante la Edad Moderna muchas mujeres ejercieron esta profesión en la que además de los duros partos que asistían, también conjugaron estos con prácticas abortivas. Hubo avances en obstetricia e higiene, pero las autoridades no tardaron en chocar y exigirles una licencia para ejercer el trabajo. Algunas fueron incluso acusadas de hechicería o brujería, y es que la magia, precisamente, emanaba de la imprescindible capacidad que poseían las parteras para poder salvar vidas; sin embargo, era una época en la que la imperturbable esfera pública estaba totalmente controlada por los hombres, y las parteras, aunque bajo su imperante dominio, también tocaban ese mundo exterior de moldes masculinos. Más adelante, aparecería la figura del cirujano que realizaría también esta tarea que había sido casi exclusiva de las parteras, al fin y al cabo, su meritorio trabajo siempre formaba la parte auxiliar; constantemente las parteras estuvieron sometidas a un nivel inferior en el campo de la medicina, su escalón en el universo sanitario únicamente formaba una fina silueta dentro de los márgenes sociales reglamentados en la rígida Edad Moderna. Aun así, durante siglos, muchas mujeres coparon, con su experiencia y saber, los peldaños de un trabajo que las convertía en mujeres que tomaban con firmeza sus propias riendas y, asimismo, tiraban con fuerza de ellas para dar continuidad a la vida.

 *POR RAQUEL VICTORIA

 

 

Artículo: Las ondas femeninas en el mundo científico. Por Raquel Victoria

LAS ONDAS FEMENINAS EN EL MUNDO CIENTÍFICO

Desde la antigüedad más remota y lejana, el papel de las mujeres en el mundo científico ha ido absorbiendo, bajo envolventes haces de luz, todas y cada una de las aristas reflectadas en el brillante prisma del conocimiento. Sin embargo, el intelecto para la experimentación y el análisis que, indudablemente, están ligados a los logros universales en la ciencia y que, además, muchas mujeres a lo largo de la Historia de la Humanidad consiguieron demostrar; no lograron, en cambio, en aquel momento, que la túnica de sus proezas se impusiera por completo ante una materia que, día tras día, se ensalzaba con el pedestal masculino. Pero, aun con todos los obstáculos que aprisionaron tras el invariable marco del hogar a muchas mujeres, descubrimos mujeres dedicadas al cultivo de la ciencia desde las civilizaciones más antiguas. La primera mención la observamos a orillas del Nilo con la médica Merit Ptah, a ella le van siguiendo otras muchas como la destacada y polifacética Hipatia de Alejandría. Y, de algún modo, parece que al adentrarnos en la Edad Media, el camino se convierte en tortuoso, ya que el cristianismo había introducido sus letales redes de sumisión, cegando así casi cualquier brote de idea científica originada por una mujer, y, precisamente, será en un convento donde Hildegard de Bingen escriba sus tratados. En los siglos posteriores, la Revolución Científica irá añadiendo, paulatinamente, nombres femeninos al minucioso trabajo científico, aunque, en muchos casos, será una ardua labor que solo dará el reconocimiento a padres, hermanos o maridos, puesto que la asistencia en el laboratorio del hogar conformará un avance científico, apenas visible tras las cortinas de los tubos de ensayo. Sin embargo, y muy a pesar de las barreras macroscópicas que el mundo científico impuso a las mujeres, ellas jamás desistieron en su empeño en aras del avance y el reconocimiento; unas veces, gracias a sus dibujos e ilustraciones que les llevaron a sobresalir en campos como la botánica; y otras, con meticulosidad y tesón para poder rasgar vendas y destacar en materias como la astronomía o las matemáticas. Hoy conocemos científicas que han cambiado nuestra forma de habitar en el mundo como Marie-Anne Pierrette, Ada Lovelace, Annie Scott Dill Maunder, Marie Curie, Rachel Carson, Mary Sears, Rosalind Franklin… Muchas más componen la prestigiosa gama del color científico, por supuesto, habrá más aún que recogerán el relevo después, y esperemos que la báscula de la ciencia no tarde en equiparar un peso que, todavía en nuestros días, se inclina hacia el lado masculino y entorpece la visión creada por las ondas femeninas.

POR RAQUEL VICTORIA

*Cartel: #Escaparates11FZaragoza

 

Novela histórica LA POSADA DEL POZO. Autora: Raquel Victoria

Un día mismamente como hoy, aunque solapado con un viento completamente gélido, al que acompañaba un frío que calaba los huesos y entumecía las extremidades, se libró, desgraciadamente, una de las más cruentas batallas de la guerra civil española. Aquel 5 de febrero de 1938 daba comienzo la decisiva batalla del Alfambra, englobada esta en lo que se ha denominado la batalla de Teruel, que designa todos aquellos combates que se sucedieron en Teruel y sus alrededores, desde diciembre de 1937 hasta febrero de 1938. Tras estos días el Ejército Popular (del bando republicano) quedaría arrastrándose por el fango, al perder la línea defensiva natural que le había proporcionado hasta entonces, el río Alfambra. Teruel, a pesar de que, a veces, se olvide, fue un reducto importantísimo en el curso de la guerra, para unos y para otros. A mis pobres y lastimados personajes de mi novela “La posada del pozo” no les queda otra alternativa que luchar por la República, para lograr que no les arrebaten las libertades sembradas, la tolerancia que entre todas y todos comenzaban a conseguir, la igualdad social y de género en aras de colonizarse cada vez a mayor nivel, o esa cultura educativa que estaban consolidando, como nunca antes habían soñado; y lo hacen sin alternativa posible, atormentados y sin apenas aliento, en estas terribles batallas que envolvieron a la antiquísima, monumental y milenaria ciudad mudéjar, así como en derredor suyo. El conflicto siempre queda atrás en mi novela, como un filón de fondo, ya que lo que tuve intención de narrar fueron los sentimientos de aquellas personas; pero, inevitablemente, fue el día a día de nuestras bisabuelas y bisabuelos, de nuestras abuelas y abuelos, y, de hecho, aunque formara la parte más compleja y dolorosa a la hora de plasmar mis palabras, también tuve que reflejar la barbarie de atroces y cruentas escenas bélicas como esta. Mi cristal es nítido y refleja nuestro pasado tal y como aconteció o, al menos, de la manera en la que la historiografía lo recoge, contrastándolo con pruebas fundadas, y lo reinterpreta, después, los novelistas retratamos la época y la sociedad que le rodea a partir de esos conocimientos; nuestra realidad histórica no debería cubrirse entre motas de polvo, sino conocerla y aprender de ella para nunca jamás repetirse.

*POR RAQUEL VICTORIA

Os dejo el fragmento de mi novela “La posada del pozo”:

<<Aquello era una tortura, solo les importaba su propia supervivencia, Bernardo y Marcelo disparaban sin cesar, y sin saber quién era la persona que estaba al otro lado de una línea, tan delgada, que continuamente se rompía y se hacía añicos, tanto que alrededor de ellos, sus mismos camaradas iban también quedando atrás sobre el resbaladizo hielo que, de improviso, congelaba su mente de pensamientos y su espíritu de lucha de sentimientos.>>

Fragmento de mi novela LA POSADA DEL POZO (página 224-225)

©2018, Raquel Victoria Morea

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

*Disponible en:

https://www.amazon.es/POSADA-POZO-RAQUEL-VICTORIA-MOREA/dp/1729324762 (papel y digital)

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*Página de la autora:

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